
MUPE OSSIKARI
Primer encuentro
Encontré al padre Oscar Goapper por primera vez en el 1986. Estaba en el Zaire (actual República Democrática del Congo) desde hacia ya cuatro años y había siempre trabajado en la misión de Neisu.Iba a saludar a mi cohermano canadiense, el padre Richard Larose, pero al que encontré fue a Oscar. En un artículo publicado unos meses después, en la revista de animación misionera del Canadá, Réveil Missionnaire, mi texto comenzaba así: «Richard no está solo en Neisu. Trabaja con el padre Oscar Goapper. Había oído hablar de Oscar. Había visto fotos. La realidad es todavía más impresionante. Uno se encuentra bien pequeño frente a ese gran misionero de casi dos metros de altura. Todo el mundo le mira desde abajo. ¡Y por lo demás no es para nada desagradable el mirarlo!»Sólo para decir la impresión que Oscar hacía sobre todas las personas que lo encontraban, yo añadía:«Oscar es un misionero extraordinario. Su personalidad atrae enseguida. De origen argentino, tiene sólo 35 años de edad, pero ya después de cuatro años en el Zaire, dejó su huella.»Me acuerdo que había sido marcado especialmente por dos cosas, y las fotos que ilustran el artículo lo muestran bien:- primero por su modo de presidir una celebración con los niños. Con grandes dibujos, les explicaba con entusiasmo y convicción sonriente, episodios de la vida de Jesús;- después, evidentemente, su empeño para con los enfermos. En ese momento empezaba la construcción de los primeros establecimientos que iban a ser el hospital Nuestra Señora de la Consolata.Para mi artículo, había preguntado a Oscar el porqué se interesaba tanto por los enfermos. He aquí lo que me contestó:«No tienes idea, Jean, que cuando curo a esas personas, de lo que se trata, son cuestiones de vida o de muerte, de enfermedades, de intervenciones, si y no de Dios, de los espíritus, de los antepasados, de demonios... Es a ese nivel de evangelización que se sitúa mi trabajo cerca de los enfermos (...) La Iglesia no puede contentarse con hacer homilías en las capillas, tenemos que penetrar en todos los sectores de la vida de la gente. Tenemos que evangelizarlos desde lo interior. Yo quiero evangelizar preocupándome por los enfermos.»Para Oscar, esas ideas no eran teoría. En la misma entrevista, me explicaba cómo hacía concretamente esa evangelización de la cultura:«Aprovecho el momento de la enfermedad para empezar con el enfermo y con su familia un discurso que lo lleva a reflexionar sobre ciertos antivalores, como la brujería, las malas suertes echadas a los demás y trato de presentarles una nueva alternativa más humana, llevándoles la luz del Evangelio (...) Después de una operación, a veces la gente me pide si encontré la 'mala suerte' en el interior del enfermo. Porque soy sacerdote, la gente acepta más fácilmente que les haga un 'sermón', una verdadera catequesis. Me pasó de invitar a parientes para que vengan a la sala operatoria y vean ellos mismos que no hay 'mala suerte' en el vientre del enfermo. Tengo el sentimiento de que la gente tiene más confianza y escuchan más porque soy sacerdote.»El padre Oscar Goapper es ciertamente (entre todos los misioneros que conocí), él que comprendió mejor y vivió hasta en su carne esa palabra de Jesús de Nazaret: «Vine porque tengan vida y vida en abundancia» (Jn 10, 10). Muchos que vivieron con él afirman que era el versículo del evangelio que citaba más a menudo y que lo usaba mucho para explicar su propia comprensión de la misión.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada